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La Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid acoge la exposición Cápsulas del tiempo: objetos encontrados en los libros, que permanecerá abierta en la Biblioteca María Zambrano hasta el próximo día 31 de este mes.

Los libros han servido al lector de todos los tiempos de cofre del tesoro o cajón de sastre donde guardar esos objetos cotidianos que han protagonizado un instante de su vida antes de esconderse entre las páginas de un texto; en ocasiones, actúan como recipientes que trasmiten información de la vida del pasado a las generaciones futuras.

Durante el proceso de catalogación y digitalización de los fondos históricos de la Universidad Complutense de Madrid se han ido recopilando cuidadosamente los objetos que iban apareciendo en los libros, muchos de ellos valiosos, interesantes o divertidos, con una gran variedad de materiales, formas y tipos. Esos documentos y la información que proporcionan suponen una estimable fuente para la investigación y el estudio de la iconografía, la sociedad y el gusto de tiempos pasados.

La exposición se ha organizado a partir de la variadísima tipología de objetos encontrados en los libros. En primer lugar, los que se agrupan en torno a la imagen. Podemos admirar las figuras que artistas lectores olvidaron entre las páginas, las estampas y grabados que expresaron el sentimiento religioso a lo largo de los siglos y, también, dibujos y representaciones científicas que sirvieron de ayuda en el estudio a generaciones de estudiantes. Los volúmenes de la biblioteca albergan, asimismo, flores, plantas y herbarios, auténticos jardines recuperados de otros tiempos.

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Comentarios

9 comentarios

  1. Georgina García on diciembre 23, 2012 17:19

    Es una maravilla que tengan guardado lo que en otras bibliotecas ya lo hubieran tirado como basura que dejan los lectores olvidada en los libros. Así lo escuché en la biblioteca de mi Universidad y realmente es sorprendente una muestra de lo que se deja atesorado en ellos porque para eso se dejó ese “algo” “olvidado” entre sus hojas. Así un recuerdo rompe la barrera del espacio y del tiempo.
    Un chispazo de la memoria de alguien aprisionado en un libro.

  2. Horacio Cerrato on enero 4, 2013 17:26

    Excelente. Esos restos conservan casi siempre autonomía en su significado y funcionan en otras ocasiones como epígrafes. Fui librero durante 43 años y junté muchísimos. Algunos son reveladores de una intimidad entrañable.
    Recuerdo algunos que me enternecieron: en la playa ella abandona a su pareja para meterse en el mar y él aprovecha las últimas páginas del libro en lectura para describir la espalda, caderas y piernas de su pareja. Otra: “Juan, en la heladera queda un resto de pizza y te perdoné un resto del Borgoña, por la noche nos desquitamos. María”.
    Otros recuerdan los problemas que se deben afrontar en el día y en ausencia uno del otro: “No te olvidesde pagar… Llama al veterinario para saber si podemos ir por el Cuzquito… Llamó tu hermana: va a estar por la ciudad tres días, quiere vernos”.
    Inevitablemente, después el viento cierra el libro y, cuando lo volvemos a abrir, el recuerdo nos hace muecas.
    Repito: ¡excelentela idea! Gracias.
    Horacio Cerrato

  3. Carolina Moroder on enero 8, 2013 3:00

    ¡Qué maravilla de exposición! Tuve un abuelo bastante excepcional que era un gran lector y viajaba mucho por su trabajo. Murió cuando yo tenía 5 años, por lo que apenas lo recuerdo. Mi abuela mantuvo siempre su enorme biblioteca, a la cual añadió muchos títulos, porque también era una gran lectora.
    Heredera de esa pasión por la palabra escrita, me quedaba horas en esa habitación, ensimismada con aquellos libros que alguna vez estuvieron también en sus manos. Y un día lo encontré: un ticket para un concierto en Paraguay, un boarding pass con destino a Japón, un recibo por un libro en Nueva York. Sentí en ese momento que ese abuelo ausente me había dejado pistas de los lugares que había visitado para que yo supiera por dónde había andado. Cada libro tenía algún papelito dentro que contaba una historia.
    Desde entonces mi propia biblioteca guarda flores, poemas, servilletas con ideas, recibos y todo tipo de papeles que cuentan historias y, como excusa, sirven para indicar la página en que quedé.
    ¡Qué lindo sería que otras bibliotecas imitaran esta idea!

  4. Cristina on enero 8, 2013 23:38

    Es verdaderamente sorprendente, y a la vez enorgullecedor, para los que estudiamos en esta Universidad y amamos la lectura el poder comprobar que los libros atesoran, no solo los objetos que nosotros les imprimimos, auténticos tesoros de nuestra vida más oculta muchas veces, sino que hasta incluso alguien tiene la gentileza de dejarnos aquellos otros que seguramente tuvo mientras leía aquellas páginas. Seguramente necesitaba algo físico que representara la magia que pasaba por su mente mientras leía y después, sumida en ella, se olvidó del enser en cuestión, para compartirlo con los futuros lectores. Es sorprendente y digno de agradecer.

  5. Carmen on enero 12, 2013 13:32

    Magnífica idea. Espero poder ver la exposición algún día.

  6. María on enero 14, 2013 13:07

    Para los que no os podáis acercar, hay una estupenda exposición virtual, casi semejante a la exposición física, en la página web de la Biblioteca Histórica “Marqués de Valdecilla” de la Universidad Complutense: http://www.ucm.es/BUCM/foa/53730.php. Muy buena.

  7. Felipe J. de la Torre G. on enero 17, 2013 21:36

    Mientras ingreso a la página http://www.ucm.es/BUCM que proporciona un intertnauta, quiero agregar mi opinión acerca de esta magnífica y singular exposición. Ojalá que, de alguna manera, saliera ésta a otros países, o bien se publicara para que el lector en general pudiera conocerla.

  8. preparatoria abierta monterrey on enero 25, 2013 19:50

    Me encanta la idea de una exposición de objetos que parecerían interesantes. Las personas que guardan algo en sus libros lo hacen como guardando un tesoro pensando que tal vez nadie más que ellos los verán. En mi juventud solía guardar las flores que me regalaba mi ahora esposo para que mis padres no nos descubrieran; también guardaba cartitas y dibujos que intercambiábamos. Aaaahh, qué hermosos tiempos. Ojalá pudiera acudir a la exposición.

  9. Cristina on enero 28, 2013 22:22

    Desde luego que sí, es una buena idea. Y no me gusta mendigar, pero si hay por este portal algún compañero de la UCM que tenga la amabilidad de decirme qué es exactamente lo que hay, se lo agradecería. Ocurre que yo soy estudiante de esta Universidad, pero la exposición está en vitrinas y no se puede tocar. ¡A mí me encantaría tener alguno de estos objetos o libros en la mano! Y, desde luego, es una maravilla que una universidad tan querida y prestigiosa como ésta nos haga este regalo. Y sería genial para regalárselo a alguien el día del libro. A algún enamorado de la literatura, por ejemplo. Yo no me he encontrado nunca grandes reliquias en los libros, sinceramente. Por eso me gustaría oír alguna de estas historias.

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