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La forma peculiar en que se realizó la transición democrática en España impidió que el nuevo régimen rompiera totalmente con sus orígenes. La Administración Pública, el aparato judicial, el Ejército, la Policía y la empresa pública apenas sufrieron transformaciones y se incorporaron al nuevo régimen escasamente reformados.

La transición política española ha sido estudiada desde muchos puntos de vista. Sin embargo, en la voluminosa bibliografía sobre este proceso escasea el estudio de la violencia desplegada durante el periodo. Porque la transición española ha dejado también un reguero de sangre: desde el 20 de noviembre de 1975 hasta el 31 de diciembre de 1983, la transición española se cobró más de 2.663 víctimas por violencia política entre muertos y heridos hospitalizados.

De los hechos violentos luctuosos desencadenados entonces, el más trascendental (pues significó un punto de inflexión en la transición) fue la matanza de Atocha, organizada por funcionarios del Sindicato de Transportes y por militantes de Fuerza Nueva y relacionada con miembros de la Brigada de Información de la Policía (antigua Brigada Político-Social).

Por su parte, la violencia política de origen institucional fue usada e instrumentalizada para frenar los avances rupturistas democráticos, imponer el pacto, aplacar a las izquierdas emergentes, desmovilizar a las masas reivindicativas y conseguir el cambio del régimen autoritario franquista a un régimen democrático parlamentario con el menor coste económico y político posible. Además de ser instrumentalizadas por los dirigentes del consenso, las víctimas de la violencia durante ese periodo fueron silenciadas por la propaganda oficial, y no fueron reconocidas como víctimas del terrorismo hasta hace unos años. Los muertos y los heridos están en este libro, documentados con nombres y apellidos; y constituyen el auténtico precio de la transición democrática en España.

La transición sangrienta. Una historia violenta del proceso democrático en España (1975-1983) recoge los nombres de las 591 víctimas mortales de la violencia política durante la transición española. Quiero recordar a dos de aquellas personas jóvenes, a quienes arrebataron la vida dos comandos de «incontrolados»: Carlos González y Norma Menchaca. Sus asesinos jamás fueron detenidos ni juzgados. Y como imagen real, y simbólica, de todas las víctimas de la violencia política durante la transición española, deseo terminar con el recuerdo de Yolanda González Martín, de 18 años, secuestrada, asesinada y abandonada por sus asesinos en la cuneta de una carretera comarcal.

Mariano Sánchez Soler es el autor de La transición sangrienta. Una historia violenta del proceso democrático en España (1975-1983), publicado por Península.

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