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El hispanista argentino Isaías Lerner (Buenos Aires, 1932) falleció el pasado día 9 de este mes en Nueva York.

Licenciado en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires en 1959, Lerner fue profesor ayudante en Northern Illinois University, en la Universidad de Buenos Aires y el Instituto Superior del Profesorado. Tras el golpe militar del general Juan Carlos Onganía, en 1966, se trasladó a EE. UU., donde se doctoró y posteriormente enseñó en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. En 1971 se incorporó al Departamento de Lenguas Románicas en el Lehman College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, de la que llegó a ser catedrático y donde ejerció hasta su fallecimiento.

Lerner es autor de cientos de artículos y ensayos sobre literatura y lingüística española, entre los que destaca la edición comentada del Quijote realizada junto a la también argentina Celina Sabor de Cortázar. Con Arcaísmos léxicos del español de América obtuvo el Premio Augusto Malaret de la Real Academia Española. En 2005 la Universidad de Málaga publicó otra de sus obras de referencia: Lecturas de Cervantes.

Fue presidente de honor de la Asociación Internacional del Siglo de Oro y vicepresidente de la Asociación Internacional de Hispanistas, así como miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Cervantistas, del patronato del Spanish Institute y del Instituto Cervantes de Nueva York.

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Comentarios

2 comentarios

  1. Joaquín Roses on enero 15, 2013 15:14

    Se nos fue un ser humano excepcional. Su inteligencia irónica, su elegancia cordial y su esencial sabiduría quedan como muestra de lo que debería ser el humanismo, todo lo contrario de lo que hoy es el circo pedante y atocinado de la filología.

  2. jaume alavedra i regàs on enero 15, 2013 15:43

    Con pesar hemos recibido la noticia de su fallecimiento y guardamos de su persona un recuerdo caluroso en la memoria. Quienes le conocimos en vida, convendrán que era una persona afable, de trato cercano a pesar de su inmensa posición de erudito, especialmente para el Siglo de Oro español. La predisposición a la conversación distendida alcanzaba a cualquiera y del modo más asequible; por ejemplo sus alumnos se deshacían en elogios delicados respecto a cómo llevaba sus asuntos personales tan sensibles y con el agravante de la enormidad del Cuny, de una hostilidad presente en la ciudad de Nueva York. Repartidos por universidades americanas, desarrollan el tratamiento del idioma español en multitud de aspectos, ciertamente literarios y, preciso es decirlo, del Siglo de Oro. En ningún momento una glosa de su persona podrá hacer justicia de su carácter. Simplemente quisiera recordar cómo se interesó en una excursión a la abadía de Saint Savin, durante el congreso de la AISO en Poitiers, por la forma en huso, ancha en la base, estrecha en el cuerpo y ancha, de nuevo, en la cima, de las centrales eléctricas francesas.

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